Bárbaro periférico

Aproximaciones a Nizar Qabbani (o sobre cómo empezamos a hacer lo que hacemos)

qabbani

Hace poco leí un post de Carlos Sánchez Emir en Facebook sobre esa generación de la que ambos formamos parte, y de lo importantes que fueron las revistas literarias universitarias e independientes para nuestra formación. Y mientras leía pensaba en todas las revistas que vieron la luz por primera vez en esos años, antes de la pandemia, y de los amigos desperdigados por toda la república: editores incipientes, poetas y novelistas y cuentistas y ensayistas, ahora publicados y en ese entonces ampliamente desconocidos, que aprovechaban los congresos de revistas universitarias para verse y emborracharse y leerse.

El post me hizo recordar "De-lirio", el taller literario en el que aprendí a escribir, y la revista homónima que llevamos tortuosa y felizmente a cuestas durante un par de años. Reseñas incendiarias que nadie leía, peleas internas, cervezas, autores que vieron sus textos publicados por primera vez en esas páginas de un blanco ofensivo y espantosamente maquetadas que nosotros imprimíamos y vendíamos sin ningún pudor. Y después el covid, la migración de revista impresa a electrónica, el mayor alcance, y entonces el momento inevitable del declive, cuando los miembros empezaron a desperdigarse por todos lados y ya no hubo centro que sostuviera tanto peso.

En ese entonces, también, empezaba a traducir. Años antes había leído, de un librito prácticamente rescatado de un basurero en Ensenada, los poemas de amor árabes del sirio Nizar Qabbani, en las versiones al inglés de Bassam K. Frangieh y Clementina R. Brown. En ese entonces y desde mis ojos poco experimentados, los consideraba los poemas más bellos que había leído nunca. Qabbani participa de la antiquísima tradición de la poesía erótica en lengua árabe, y ese deseo antiguo se siente en sus poemas breves y punzantes.

Después leería sus poemas políticos, su activismo a favor de los derechos de la mujer en Siria, sus duras palabras para con los estados árabes que no apoyaron a Palestina durante el inicio del genocidio perpetrado por el estado israelí. Los poemas que le dedica a los escritores palestinos que se resistieron a la ocupación tendrían que ser lectura obligada para quien desee entender la repercusión de la literatura y el papel de los poetas en este largo y brutal proceso histórico.

Pero en ese entonces, no sabía nada. Sólo quería, aunque fuera a través de la versión de otros, imitar su voz. Cometí, entonces, el pecado de la traducción indirecta que, como todo buen pecado, es difícil de resistir una vez instalado en el cuerpo. Las dejo aquí, entonces, para quien quiera leerlas, pero sobre todo por nostalgia, para unirme a la nostalgia que empezó Emir con su post, y como excusa para escribir este prólogo.

Habré empezado a trabajar estas aproximaciones a Qabbani en 2017, inmediatamente después de mi primera lectura del libro, y aparecieron por primera vez en mayo de 2020, en el número 1 del volumen 3 de la revista De-lirio, en su versión electrónica, ahora inaccesible.

Cuando dije
“¡te amo!”
yo sabía
que inventaba un nuevo alfabeto
para una ciudad iletrada,
que recitaba poemas
en una sala vacía,
que le ofrecía vino
a aquellos que no conocían
las dichas de la embriaguez.

Quiero hacerte un alfabeto nuevo.
Quiero que tenga
el ritmo de la lluvia,
el polvo de la luna,
la tristeza de las nubes grises,
el dolor de las hojas del sauce
caídas bajo las ruedas del otoño.

Como mi amor por ti
va más allá de las palabras,
he decidido callar.

Desnúdate.
Desde hace siglos
que no sucede un milagro.
Desnúdate,
pues yo enmudecí
y tu cuerpo sabe todas las lenguas.

Nuestro amor
no tiene mente ni razón.
Nuestro amor
camina sobre las aguas.

Escribí el nombre de mi amada
en el viento.
Escribí el nombre de mi amada
en el agua.
Pero el viento no sabe escuchar,
el agua no sabe de nombres.

Odio amar como los demás aman.
Odio escribir como todos escriben.
Quisiera que mi boca fuera un templo
y mis palabras, las campanas.

Todas las palabras
en diccionarios, en libros y cartas,
han muerto.
Descubriré
una forma de amarte
sin palabras.

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